lunes, 2 de enero de 2017

PEDAGOGÍA EMOCIONAL


LA FORTALEZA EMOCIONAL EN LA ESCUELA

La capacidad de amoldarse a un ambiente humano de trabajo y de relaciones, sin tener roces o diferencias, es un pensamiento muy ingenuo. En alguna medida todos (o algunos) hemos “pagado el noviciado” o nos “hemos ganado el derecho de piso”, luego de uno o más tragos amargos en la comunicación y convivencia. En algunos grupos esto puede pasarse como “un mal momento”, en no hacer caso, en “ignorarlos” y seguir para adelante; pero en una comunidad educativa, no es cuestión de “llevar la procesión por dentro”, o sobrellevar la vida. Un educador(a) tiene la imperiosa exigencia de identificar el porqué ha perdido la tranquilidad interior, porqué está así; enfrentar las adversidades, estudiar sus relaciones con personas “difíciles”, tomar alguna resolución, y descubrir lo que corresponde a su voluntad para convivir con la ayuda de la virtud de la tolerancia. Esto no se aprende en un instituto pedagógico o una facultad de educación, se aprende en la escuela de la vida.
Los que estamos en el mundo de la educación, tenemos que prepararnos para trabajar y vivir muchas horas de nuestra vida con gente que nos motive, que nos corrija con cariño, que nos respete, que nos escuche,… con gente extraordinaria y no tóxica (como la llama Tomás Navarro). Los padres de familia, directivos, administrativos, profesores y personal de apoyo de una escuela, debemos desarrollar la capacidad de tomarnos un tiempo para nosotros mismos, sin andar caminando en una dirección y velocidad que manejan los otros. Nos es necesario tener interiormente muy clara una escala de valores y prioridades para tomar decisiones libres y responsables; y también, saber gestionar nuestras relaciones con personas perjudiciales a la estabilidad emocional de la comunidad educativa y sus integrantes.

El Psicólogo Tomás Navarro[1], especialista en conferencias de autoayuda, cree que siempre nos vamos a encontrar con retos, personas y situaciones difíciles, y cuanto más fuertes seamos emocionalmente, más fácil podremos decidir el camino a tomar. Si los directivos tienen la tarea de “animar a la comunidad” y por tanto potenciar en todo el personal de la comunidad educativa, no se puede dejar al azar el desarrollar y fortalecer esta capacidad de resiliencia emocional.

El Licenciado Lic. Oscar Anzorena[2] sostiene que “la forma de sentir y expresar nuestras emociones marca nuestro existir, determina nuestra calidad de vida y nos constituye en el ser que somos. Sin embargo, durante siglos se ha definido al ser humano como “ser racional”, entendiendo que es la racionalidad lo que nos determina como personas”. Y planea la importancia de mantener la  armonía y equilibrio entre la emoción y la racionalidad. “Es por esto que más que determinar la prevalencia de uno de ellos, es menester plantearse el desarrollo de ambos en un contexto”.

Y el conferencista sobre superación personal José María Vicedo[3], formula cuatro claves para construir una fortaleza emocional: a) aprovechar los momentos de calma para construir los sólidos cimientos para tomar decisiones, b) tener un Diario Personal para tener un orden de vida y repasar la propia historia, c) buscar el poder curativo del amor de las personas que nos aman y d) ante la crítica de los demás, nunca tomarla como algo que afecte al ser (a los más afectará a alguno de los comportamientos).

Les animo a seguir buscando y conociendo sobre un tema de la Fortaleza Emocional, que no es tan comúnmente tratada en las reuniones docentes, con padres de familia e incluso con los estudiantes: el cómo vivo y convivo en mi comunidad educativa, repercute mucho en la vida fuera de la escuela. “Las personas fuertes crean sus acontecimientos; las débiles sufren lo que les impone el destino” (Alfred Victor de Vigny).

Trujillo, 31 de diciembre del 2016
J. Antonio Mansen Bellina, cmf

jueves, 29 de diciembre de 2016

PISA 2015

INFORME PISA: ¿PARA APRENDER QUÉ? (II)




“Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho” (Paulo Freire).


A no ser que se encuentre Usted en el sistema educativo de Singapur, Canadá, Estonia, Finlandia, Hong Kong (China), Japón, Macao (China), o Vietnam, y examine con parámetros propios los resultados el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés); es muy probable que ya haya leído o  escuchado diversidad de opiniones, de los políticos y ministros a los padres de familia; de profesores y de “opinólogos”[1]; y no pocos, de éstos, encuentran un bálsamo anestésico, con un “pero hemos mejorado más que aquellos“, “esos tienen otra realidad social”,  o “al cabo, ni queríamos”,…

El Informe no es tanto para compararse con los vecinos, y querer convencer que la situación (no tan óptima) es más llevadera cuando afecta también o peor a otros; sino más bien, es para conocer cómo lograron los otros un puesto mejor, qué medios o recursos pedagógicos usan, estudiar sus rutas de aprendizaje, qué clase de sociedad están construyendo, cómo aprovechar sus experiencias y cómo podemos mejorar nosotros. El británico Aldous Huxley decía: “La persona inteligente busca la experiencia que desea realizar”, y Ken Robinson dice: “Sé que las aptitudes académicas son muy importantes, pero los sistemas escolares valoran mucho ciertos tipos de análisis y razonamientos críticos, en especial las palabras y los números. Por muy importantes que sean estas aptitudes, la inteligencia humana es mucho más que eso”[2].

Este Informe nos puede ayudar a conocer las características de los sistemas educativos de mayor rendimiento, las políticas efectivas sus gobiernos, y nosotros, los educadores, inspirarnos para mejorar, en el menor tiempo posible, la formación integral y de calidad de nuestros estudiantes. Ellos y nosotros deseamos erradicar “los elevados niveles de desempleo juvenil, la creciente desigualdad, las significativas diferencias por género y una necesidad imperiosa de fomentar un crecimiento inclusivo (…) [porque] no hay tiempo que perder para proporcionar la mejor educación posible a todos los alumnos”, afirma Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE.

Les invitamos a  entrar en el enlace del Informe de la OECD[3], ubicar su país y navegar en un interesante mapa virtual, pero también reflexionar las conclusiones sobre: Diferencias de género, Equidad en la educación, Rendimiento de los estudiantes en comprensión lectora y matemáticas y Rendimiento de los centros educativos. Esos indicadores iluminarán cómo va nuestro proceso educativo, con los valores y la riqueza cultural que conservamos en cada uno de nuestros países. Y recordar que en educación “El secreto está en llevar a todos a triunfar, no en asumir que sólo unos pocos lo lograrán” (Sean Coughlan, en BBC MUNDO).

La educación es un crear y recrear nuevos caminos, no es un acto de consumir ideas, (decía Paulo Freire); actualicemos el aprender a aprender, aprender a desaprender y romper tantos paradigmas que ya cumplieron su ciclo. Necesitamos ilustrarnos de los que más saben, de sus experiencias y de su sabiduría. No se trata de copiar, sino de estudiar qué recursos pedagógicos, qué tecnologías, qué motivaciones, qué valores, que objetivos, qué medios,… usaron para llegar a esa experiencia exitosa; y tener la intuición de ver si son aplicables a nuestra realidad.

¿Tendremos la valentía de corregir los errores, en lugar de buscar culpables? ¿Seremos capaces de formar profesores motivados y convencidos de su altísima tarea? ¿Ayuda este informe a valorar debidamente la tarea del profesor? ¿Seguirán, los gobernantes de turno, queriendo cosechar excelencia y calidad educativas con miserables inversiones? ¿Seremos capaces de entusiasmar a nuestros niños y jóvenes por conocer, investigar y gozar con los conocimientos, y saberlos iluminar con los valores? ¿Lograremos que los padres de familia “regresen de su autoexilio” y trabajen unidos con los educadores de sus hijos?.

Madrid, 14 de diciembre del 2016
J. Antonio Mansen Bellina, cmf
Las imágenes son de Google.


[1] Neologismo para denominar a aquellas personas que opinaban sin mayores tapujos ni ambiciones culturales (vgr Wikipedia).
[2] Robinson, K. y Aronica, L. (2009), "El Elemento".pag,33. Barcelona: Debolsillo ISBN:978-84-9908-390-2